Cuatro problemas fundamentales de la ciencia, que podrían cambiar todo lo que sabemos

“Lo más incomprensible del mundo es que sea comprensible” decía Albert Einstein, y es que todo lo que damos por cierto, se basa sólo en conjeturas.

Cuando uno lee un estudio científico escrito en forma sólida, con sus conclusiones bien justificadas, siguiendo un método riguroso, entonces uno puede estar seguro que el mundo está bien y todo seguirá así por mucho tiempo. ¿Cierto?

No tanto.

Sucede que nadie nos ha hablado sobre los supuestos metafísicos de la ciencia. ¿Los qué? ¿No se supone que la ciencia es objetiva y… bueno, científica? ¿Qué tiene que hacer la metafísica con la ciencia? ¿Es que finalmente perdimos la cabeza?

No.

Resulta, que detrás cada investigación, existen supuestos que se aceptan inconscientemente. Son verdades que se dan por asumidas, sin hacerlas explícitas. Y además, son problemas que aún no están resueltos. Estos supuestos, que son metafísicos, porque no se han podido probar materialmente, son al menos cuatro, aunque existen muchas versiones de los mismos problemas de fondo.

Es más, cada paradigma científico, tiene asociada una forma de ver el mundo. Por ejemplo, cuando Albert Einstein dijo que “Dios no juega a los dados con el Universo” y se la jugó por hallar la famosa constante cosmológica, lo que hacía, era defender un punto de vista determinista. Entonces, muchas veces la objetividad científica se remite al método de investigación, pues existen puntos de vista subyacentes. Pero me estoy desviando mucho del tema.

Prosigamos, entonces, y revisemos los supuestos metafísicos de la ciencia:

1. “La naturaleza es regular”

Damos por asumido que la naturaleza es regular, o sea, que si algo ocurre bajo ciertas condiciones, al repetir las condiciones, entonces ese algo ocurrirá de nuevo. Esto es lo que nos ha llevado a formular las leyes de la ciencia, que describen matemáticamente a la naturaleza, como por ejemplo, la ley de gravedad.

Resulta que al elaborar estas leyes que describen el mundo, se da por asumido que son leyes universales, o que se van a cumplir siempre, porque la naturaleza es regular y nunca cambia… pero eso es una conjetura. Aunque parezca increíble, es algo que no está totalmente probado, y es uno de los supuestos de la ciencia que, si llega a cambiar, la pueden volver irreconocible. Porque, imagínense que algún día se descubre que todas las leyes cientificas, todo el trabajo de cientos de años… son sólo excepciones. Y que hay lugares muy lejanos en el universo (o no tanto, ¿cómo sabemos?) donde la naturaleza se comporta de forma completamente distinta. Eso ampliaría nuestros horizontes de una manera increíble y dejaría obsoleta nuestra forma de entender la vida, el universo y todo lo demás.

O como dice Stephen Hawking, en su Breve Historia del Tiempo: “Cualquier teoría física es siempre provisional, en el sentido que es sólo una hipótesis; nunca puede ser probada. No importa cuántas veces los resultados de los experimentos concuerden con alguna teoría, nunca se puede estar seguro de que la próxima vez el resultado no la contradirá. Por otro lado, se puede refutar una teoría con encontrar sólo una observación que esté en desacuerdo con las predicciones de la misma.”.

2. “Existe una realidad separada de la mente humana”

Cuando medimos algo, en un experimento… ¿qué medimos realmente? Resulta que lo observado, en verdad, es el efecto de un objeto sobre otra cosa: instrumentos, nuestros sentidos, etc. Por tanto, siempre es una percepción indirecta. 

Uno podrá decir: “Bueno, pero yo estoy seguro de lo que veo, ¡y es claro que, como mínimo, algo está pasando!”. Y efectivamente puede ser así, pero… ¿qué es ese “algo”? He ahí el misterio.

Esto es como empezar a ver las cosas en HD: A lo lejos, si lo vemos sin fijarnos mucho, está todo clarísimo. La realidad es una y es muy fácil describirla. Pero cuando nos empezamos a fijar, resulta que hay molestos detalles que impiden decir de qué hablamos, cuando hablamos de realidad. Y uno de esos molestos detalles, es que para describir la realidad, confiamos ciegamente en nuestros instrumentos y nuestros sentidos, los que nos hablan de los efectos de la realidad, no de la realidad misma. Esa realidad “verdadera”, siempre está “al otro lado” de nuestros sentidos e instrumentos. (sobre ese inquietante asunto, les sugiero que vean este video… ¡sobre vacas voladoras!. Tambien Paul Watzlawick tiene algo que decir, en este otro video).

Entonces, ¿qué impide decir que, dada esta “lejanía” de nosotros, la realidad no es sino un gran acuerdo en el cual nos autoincluimos? Nada. Aunque tampoco está probado y es muy, pero muy osado si lo vemos desde el punto de vista científico. Y puede tener consecuencias impredecibles, pues equivale a decir que, dadas las pruebas suficientes, se puede alterar nuestra relación colectiva con la realidad… y eso cambiaría la orientación de todo.

Por eso, incluso por un asunto de sanidad mental, se da por sentado que la realidad es totalmente objetiva, cuando lo cierto es que sólo hay una sospecha de que sea así.

3. “La naturaleza es comprensible”

Para entender perfectamente el mundo, y poder predecir las cosas que van a ocurrir, es necesario que no haya variables ocultas. O sea, que conozcamos todos los elementos que intervienen en un fenómeno. Y de esa manera, tendremos todo claro, todo será inteligible, pues no habrá “sorpresas”.

Lamentablemente, las hay.

Acá aparece Einstein. En su afán de demostrar que la mecánica cuántica tenía profundos problemas de fondo, junto con un par de colegas, inventó un problema mental, la famosa paradoja Einstein-Podolsky-Rosen. Esta paradoja, en resumidas cuentas, dice lo siguiente: si tomo dos particulas que van en direcciones opuestas, y mido sus posiciones y velocidades por separado, tendría la información completa de ambas, y eso violaría el principio de incertidumbre de Heinsenberg, que dice que no se puede conocer ambas informaciones a mismo tiempo. Lo otro, sería que, de alguna forma, una partícula influyera sobre la otra, a distancia, y a una velocidad superior a la luz, e hiciera que cambiara su estado, para mantener el principio de incertidumbre, algo casi inconcebible. Pues bien, se ha probado experimentalmente que lo inconcebible, es lo que ocurre.

Por lo tanto, ocurren acciones a distancia, de las que no sabemos nada. En otras palabras, el mundo es comprensible… con excepciones. En teoría. Siempre que no pensemos que, por ejemplo, en el Big-Bang hubo muchas, muchísimas partículas unidas a ese nivel y actuando de esa manera.

(Y por otra parte… ¿No le llama a nadie la atención, que podamos entender la naturaleza, siendo que perfectamente podría no ser así?)

4. “Nuestro razonamiento es consistente”

En otras palabras… ¿cómo sabemos que nuestra lógica es cien por ciento útil? Claro, nos sirve mucho para los problemas del día a día (a veces), para deducir quién le da problemas a Fatmagul y otras acuciantes inquietudes, pero cuando se trata de establecer nuestro lugar en el universo… nuevamente hay problemas. En particular, por algo llamado Teorema de Gödel, que ha sido usado y abusado por corrientes new age, pseudomísticas y demases.

Este Teorema, que en realidad son dos, y cuyo nombre completo es Teorema de Incompletitud de Gödel, lo que nos dice es: No es posible construir un sistema teórico, utilizando aritmética o lógica formal, que pueda explicar su propia consistencia. En otras palabras, es imposible desarrollar una explicación total de las cosas, que a su vez, demuestre que esa explicación es verdadera. Lo cual implica un “agujero” gigantesco al momento de validar nuestras explicaciones sobre el mundo, pues jamás serán autoconsistentes, esto es, siempre se necesitará un axioma, una afirmación que se deba aceptar únicamente porque es necesaria para que todo tenga sentido.

Y ustedes, muy pacientes lectores, se preguntarán: ¿Si las cosas son así, entonces.. cómo probó Gödel su Teorema? Pues construyendo una fórmula que se podía demostrar como verdadera, y usando esa misma demostración, también se podía probar como falsa, o sea, ¿en qué quedamos? Y esa es la misma pregunta que nos podemos hacer respecto a la consistencia de nuestra lógica, al momento de explicar el mundo.

Naturalmente, este es un supuesto que también se omite al momento de realizar investigación científica. Se asume que los axiomas que usamos para sostener la lógica de nuestra investigación, siempre serán válidos… aunque no tengamos ninguna prueba de ello. Pero como el resto de lo que construimos sobre eso es consistente, podemos obtener resultados finales, y no encontrar ninguna contradicción en absoluto. Y es por eso que el asunto pasa inadvertido.

Entonces, ¿quién podrá salvarnos?

La cosa no es para tanto, tampoco. Pues en términos prácticos, la ciencia funciona y se realizan investigaciones que nos muestran cada vez mayores aspectos de las cosas. El detalle inquietante, por supuesto, es que existan cuestiones de este calibre sin resolver.

La existencia de estos supuestos sin probar, no implica que todo lo que se construya sobre ellos sea erróneo, o que el método científico esté equivocado y debamos salir a la calle embadurnados con mermelada y plumas. No. Sólo quiere decir que es importante darnos cuenta, que las verdades las vamos construyendo los seres humanos, y que, como humanos, tenemos todo el derecho de dudar razonablemente de ellas, construyendo nuestro propio camino en el proceso.

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